Un viaje entre lo onírico y lo terrenal. Una voz singular de la literatura salvadoreña donde la palabra se vuelve imagen y la sensibilidad se transforma en revelación.
"Soy un niño pequeño, me expreso torpemente. Pero, para las fiestas de Sonsonate han confeccionado a mi hermana grandes alas de papel. Yo quiero también ser ángel, pero no me lo permiten."
"Poco después, mi tío Oscar, que hace actos de magia, ofrece regalar su varita. Yo grito desesperadamente para que me la dé, pero la varita pasa a manos que no son las mías. Así se frustraron mis dos más tempranas vocaciones: la de ángel y la de mago. Opté por la poesía, que era una forma de hablar de las cosas que yo amaba, aunque no pudiera crearlas y volar."
Para Francisco, Melinda y sus hijos
LA DAMA:
Con sencillas cautelas voy a la muerte dulce,
como una espesa niebla que me arropa y me envuelve.
Y más allá me esperan los que antes aquí fueron,
aquellos que me amaron y amé.
LOS DE ARRIBA:
Te amamos niña anciana y te esperamos con el fervor de antaño.
Regresas al jardín de la flor incesante que fue cuna de tu alma.
Fuiste flor tú misma en la tierra que un día abandonamos.
LA DAMA:
Ustedes los que quedan sientan consuelo,
porque donde yo voy mi corazón los lleva.
Me voy y no me voy.
LA VIDA:
Ya ven, ya ven Margot, no soy la muerte.
Es Vida Verdadera mi nombre verdadero.
Y así se va la anciana por el mar sideral
y nos deja de ejemplo su impagable bondad.
— Ricardo Lindo